Protagonistas en la cárcel

Protagonistas en la cárcel

Un testimonio impresionante de libertad en la prisión
Libertad voy buscando, tan querida: Vigilando redimir. Así se titulaba una de las exposiciones más impactantes del pasado Meeting de Rímini. Gente que ha matado, atracado y engañado, en la cárcel de Padua han conocido la Cooperativa Social Giotto, que les ayuda a volver a empezar mediante un trabajo retribuido mientras cumplen su condena. Entre las varias iniciativas de esta cooperativa dedicada a la reinserción de presos y personas con minusvalías mediante el trabajo están la cocina de las cárceles, mantenimiento de jardines, pastelería, centro de atención telefónica…
 
La Cooperativa Social Giotto se ha especializado en la pastelería.

La Cooperativa Social Giotto se ha especializado en la pastelería.

El recorrido de la exposición simulaba una cárcel. Se entraba a través de una puerta de barrotes con un guardia carcelario y acababa con la venta y degustación de panettone y otros productos de repostería, producidos allí mismo por los propios presos. Una empresa «normal», que compite con el mercado real, ofreciendo unos productos de calidad.
El encuentro sobre la exposición y el tema de las cárceles, con la participación del ministro de Justicia italiano Angelino Alfano, se abrió con los testimonios de dos presos (acompañados y vigilados allí por sus celadores). Wellington, extranjero condenado a cadena perpetua por homicidio, en su testimonio frente a miles de personas afirmaba: «Antes siempre trabajaba solo, pero es más bello trabajar juntos. Esta experiencia da esperanza a gente como yo que se ha equivocado. Los amigos de la cooperativa nos tratan como iguales.» Y Darío, 42 años y una tercera parte de su vida en la cárcel: «La experiencia del Meeting me está haciendo grande, poder mirar y ser mirado sin prejuicios. Se puede ser libre dentro de una cárcel, y se puede ser prisionero tanto dentro como fuera de ella. Cada uno tiene necesidad de ser protagonista para expresar lo bueno que lleva dentro. Gracias por haberme permitido hacer esta experiencia de protagonismo.» La conclusión es clara: el hombre es libre porque tiene la posibilidad de expresarse por lo que uno es a través del trabajo; y esto es posible en cualquier lugar.
Las intervenciones del encuentro subrayaron que la condena por sí sola no tiene un efecto reeducativo. Pero si una persona no acepta ser amada y no admite ser corregida, es imposible un camino educativo [como con los hijos….]. El primer compromiso debe ser del mismo condenado. Un detenido tiene derecho a la esperanza porque una justicia sin misericordia es sólo crueldad. Quien se equivoca, paga, pero tiene derecho a redimirse y a ser ayudado… Uno no se puede salvar solo, hace falta una compañía. En articular, el ministro Angelino Alfano subrayó cómo la experiencia de la condonación del 2000 (Año Santo) no ha funcionado, porque «con el perdón no ha habido una propuesta educativa», no se ha ofrecido ninguna alternativa a los presos salidos de la cárcel. Un posible camino hacia el cambio lo ofrece el trabajo: respeta el dictado de la Constitución italiana de intentar rehabilitar el condenado, le ofrece un rol social positivo, le permite ayudar a sostener a su familia y en lugar de costar recursos a la sociedad, los genera. El trabajo construye al hombre, renueva la experiencia humana. Además, rebaja las recaídas: en Italia los que recaen en delitos una vez cumplida la pena es del 90%: pero donde se ofrece la posibilidad de aprender un oficio y de ejercerlo, baja por debajo del 1%.
Giorgio Vittadini, presidente de la Compañía de las Obras en Italia, comentó al final del encuentro que cuando uno toma conciencia de sí mismo, reconoce su pecado: «Es un asco esta mentalidad que pretende clasificarnos en buenos y malos. Cada uno de nosotros es más grande del mal que ha hecho: Jesús ha venido para los enfermos, para nosotros, que somos enfermos con ganas de curarnos… Debemos ponernos a buscar, no sentirnos ya salvados, tenemos necesidad de alguien que nos libere… Es un recorrido de conversión que hacemos con ellos, con los presos. La verdadera lucha a la delincuencia es este anuncio de salvación, que devuelve confianza al corazón.» La cárcel es una situación límite en la que se muestra al desnudo la naturaleza humana, siempre obligada a enfrentarse a sus propios límites y su deseo ineliminable de vida y de verdad. Sobre todo quien se equivoca mucho —todo hombre se equivoca— no puede dejar de sentir que su naturaleza desea el perdón y el cambio en su vida. Por tanto, ni justicialismo maximalista, ni «buenismo» barato, sino una posibilidad de redención, un trabajo real, una amistad ofrecida a la libertad del otro: devolver una esperanza al preso, volver a ser un hombre como los demás, aun dentro de la cárcel. «Tengo ganas de volver a la cárcel para contar a mis compañeros lo que ha ocurrido aquí», acababa diciendo uno de los presentes. La libertad, el protagonismo es posible también entre barrotes.

«El trabajo devuelve a los presos la dignidad» 

Luca Passarin es un trabajador externo que coopera desde 2004 en las actividades de restauración de la Cooperativa Giotto. Lo primero que dice es que envían sus productos también a España, los clásicos panettone y otras especialidades de pastelería artesanal, que pueden encargarse por Internet (www.idolcidigiotto.it). Una empresa debe vender y en este caso los productos son de especial calidad (hecho a mano para poder dar trabajo a más gente), aunque inevitablemente más caros. La elaboración de un panettone requiere hasta 72 horas de tiempo, por esto son más buenos.
—¿Cuándo y cómo habéis empezado con la cooperativa? 
—Al comienzo se visitaba a los presos en las cárceles como actividad de voluntariado. Nuestras actividades sociolaborales empezaron en 1991, cuando nos ofrecimos para el mantenimiento de las áreas verdes de la cárcel. Hicimos nuestra propuesta junto con los presos y la dirección aceptó. Nuestra misión es enseñar un oficio y coordinar el trabajo. Actualmente hay 100 trabajadores presos que trabajan dentro de la cárcel y 20 externos.
 
—En Italia hay otras experiencias de trabajo en las cárceles, ¿qué caracteriza vuestra presencia? 
—La novedad de nuestra cooperativa es poner a verdaderos profesionales, que enseñan y dirigen. Antes hay un breve curso de formación, luego el preso es contratado con un verdadero contrato de trabajo, cobrando como cualquier
persona, con sus 45 días de permiso anuales. Esto les devuelve una dignidad.
—¿Cómo responden los presos? 
—Trabajar es una ambición para un preso. En la cárcel es la diferencia entre vivir y no vivir, ya que muchos tienen a su familia fuera pasando necesidades. La alternativa es entre estar 12 horas echado en un camastro y no hacer nada, o trabajar. Cuando la promoción es «mecánica» —uno entra desde abajo y «sube» cuando alguien se retira—, no funciona. Hay que profesionalizar, ofrecer una formación y luego responsabilizar a la persona. No importa lo que ha hecho, importa lo que es y cómo trabaja.
—Cuénteme algo de su experiencia personal en todo esto. 
—Cuando para entrar en una cárcel debes atravesar ocho verjas, fácilmente te preguntas dónde te has metido. Por eso es importante que el primer criterio no sea «lo que han hecho», sino un trabajo bien hecho. Tenemos delante a una persona. No estamos aquí para «hacer el bien». Es el trabajo tomado en serio el que es un instrumento para realizarte a ti mismo.
La exposición del Meeting se titulaba «Vigilando redimir».

La exposición del Meeting se titulaba «Vigilando redimir».

«Un detenido tiene derecho a la esperanza porque una justicia sin misericordia es sólo crueldad»

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