Entre hermanos…

Entre hermanos…

(foto:Pablo frente al Pacífico de Sudamérica)
Desde Honduras, donde se encuentra como cooperante de CESAL, Pablo escribe esta carta a su hermana Irene, que estudia 1º de carrera en Barcelona, para acompañarla en su intento de responder a las preguntas que más le urgen.

¡Hola Ninene! Estoy muy bien. Son las 12 de la noche, pero no quería dejar de responder a tu correo tan bonito. Acabo de volver de un concierto de música clásica en directo y me he acordado mucho de ti. Mientras la orquesta tocaba he cerrado los ojos y me he imaginado agarrando un vuelo directo a Barcelona donde me esperabas tú en el aeropuerto. Nos abrazábamos fuerte y sabíamos que teníamos esa complicidad de hermanos que no se sabe cómo pero vive y vivirá para siempre. Pensaba en qué decirte, qué contestarte y la música sonaba. Lo primero que me vino a la cabeza es tu aprecio por el piano. Cada uno de los músicos tocaba su instrumento bajo un orden. El director dirige pero no toca ningún instrumento, sólo te marca el momento en el que iniciar y dar los cambios. Creo que Dios es así de alguna forma. Él te da la total libertad para tocar el instrumento que es tu vida, pero no te abandona a tu suerte. Los músicos no le miran a él, sino a la partitura (la vida) pero de vez en cuando levantan la vista para ver si están de acuerdo con él. Cuantas más veces le mires a Él más sabrás cómo debes tocar ese instrumento que es tu vida. ¿Me entiendes? Estaba pensando y pensando, porque me importas. Y no sabía qué responderte. Pero la música en un momento dado me recordó a la banda sonora de la película de Sherlock Holmes y, después, en el acertijo que Holmes le propone a Watson sobre el oso polar. Watson no consigue descifrarlo hasta el final de la película, pero es él quien lo hace después de haber vivido toda la aventura. Creo que es una comparación bastante buena. Yo no puedo darte la respuesta a tu pregunta. Sólo tú, dentro de ti, en relación con Él, encuentras y encontrarás respuestas. El Padre Aldo comentó en Barcelona que hay dos formas de llegar a la verdad: la alegría y la belleza o el dolor y el sufrimiento. Eres joven y me encanta que te hagas preguntas que yo a tu edad ni me planteé. Sólo ve al fondo de todo, Irene, enamórate de la vida y ya verás como todo, todo, acaba cobrando gusto. ¡Sigue como lo estás haciendo! Tómatelo en serio. Última cosa, Irene. En casa se respira la Verdad (con mayúscula), ¡míralo de veras! Aprende de la forma de mirar que tienen mamá y papá y nuestros hermanos porque desde aquí yo también sigo aprendiendo.
Pablo

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