CARTAS AL PADRE ALDO

De pacientes de la Clínica Divina Providencia – 23 de marzo de 2008

 

 

Padrecito, aquí le envío todos los testimonios que gracias a Dios pude recoger en un día. Testimonios de todos los pacientes que pueden hablar, con y sin dificultad. Y para que tenga la certeza de lo mucho que lo quieren y lo extrañan, ellos le envían unas palabras exclusivas para su corazón de Padre, después de relatar con mucha emoción los milagros de amor y de esperanza que Dios ha obrado y sigue obrando, gracias a usted, en sus vidas. Con todo cariño , su hermanita Sonia María de la Cruz.

 

 

El Milagro del Padre Giussani

Padre Aldo, siempre lo vamos a tener en nuestro corazón

Celeste es mi hija de 11 años. Un milagro de Giussani.

Cuando estábamos en el Hospital ella en terapia intensiva y yo con su hermanito bebé en mis brazos, decidí llamarle a su papá, quien me ayudó bastante, porque de día yo me quedaba con ella y él de noche. Yo volvía a casa con la angustia de cómo iba a amanecer mi hija, si al regresar la iba a encontrar viva ó iba a recibir una mala noticia, ese era el pensamiento que me albergaba todos los días. Un día la doctora que la atendía se acercó a hablarme y me dió la noticia que tanto quería oír acerca de Celeste, me dijo que ella se estaba recuperando poco a poco, pero no del todo, todavía no habíamos salido del peligro. Tres semanas después la doctora me llevó hasta ella en terapia y me mostró que Celeste había ya abierto sus ojitos, me dijo: “Celeste ya despertó”. Yo no sabía si llorar de felicidad ó qué hacer, pero lloré y mucho entre la felicidad y la angustia. Después de veintidós días me avisaron que ella ya salía de terapia. Nos mudamos de sala, los médicos hicieron todo lo posible por mejorarla, pero luego me dijeron que no podía recibir más los medicamentos y volvió a recaer, que ya no se podía hacer nada, solamente esperar, dejándola en las manos de Dios. Entonces redoblé mis oraciones, recé mucho para que Celeste pueda encontrar un lugar de paz y tranquilidad. En una ocasión la doctora me habló acerca de ésta Clínica, por un segundo pensé que a mi hija me la iban a sacar y volví a llorar mucho, tenía mucho miedo, porque ella no tenía defensas, era como un bebé totalmente indefenso, pero sin ninguna movilización. Le pregunté si yo podía estar con ella y me dijo que sí, le agradecí a Dios por haberme escuchado y comenzamos a llenar los papales para la próxima internación. La misma tarde que su papá trajo los papeles a ésta Clínica, nos llamaron a decir que ya había lugar aquí para Celeste.

Cuando llegué aquí con mi hija me sorprendió la increíble amabilidad de la gente. La recibieron con tanto cariño, tanto amor y volví a agradecerle a Dios porque nunca nos abandonó. Recuerdo que a la noche del mismo día que llegamos, había a lado de su cama una jarra de agua y solo con su mirada me dijo:”Mamá quiero agua”.Todo lo que podía era sólo mirarme, y sin embargo a lo largo de éstos 4 meses que estamos aquí el milagro de Dios ha sido muy grande. Yo tengo mucha fe en Dios, en la Virgen y en todos los santos. Pienso que la fe importa mucho.Me pasaba rezando día y noche por ella, caminando y haciendo lo que sea.Dios me muestra que me sigue escuchado, y le pido que Celeste pueda volver a hablar, con la esperanza de que lo va a hacer, porque ya dice las vocales. Además ya camina y llena de vida, con ánimo y siempre sonriendo.

Nunca voy a dejar de agradecerle al Padre Aldo y a todos los de la Clínica, por el cariño que le tienen a mi hija, por el amor que le brindan todos los días. Entre los parientes de los pacientes solemos comentar que no encontramos en Paraguay un sacerdote paraguayo que se desviva por sus paisanos, sin embargo en el Padre Aldo le tenemos a un extranjero que vino a nuestro país a formar un hogar, un Paraíso para todos.

Le agradezco al Padre de todo corazón y le pido a Dios y a la Virgen que pueda durarnos una eternidad, porque no creemos pueda existir otra persona como él. Además Dios escuchó las súplicas del Padre Aldo a Giussani por Celeste y lo sigue escuchando. También nosotros le rezamos a Giussani por la vida del Padre pidiéndole que lo ilumine siempre.

 

Padre: Te agradezco por el cariño que le brindas a mi hija. Celeste ya te extraña y pregunta por vos. Me escribe en su cuaderno, “¿El Padre dónde está?” y para que le entienda mejor me señala a Aldito en su cuna. Nosotros también te extrañamos mucho, ojala que regreses pronto.

La mamá de Celeste,

Delma.

 

 

Este lugar es un Paraíso

Gracias a la presencia del Padre Aldo y de la hermana Sonia, Luis recibe todos los días las bendiciones de Dios y de la Virgencita.

Mientras Luis entró en coma Dios me mostró el milagro de venir a ésta Clínica, él llegó aquí ya para despedirse de todos, llegó en el nombre de Jesús y la Virgencita, y fue donde recuperó la salud. A los seis meses de su estadía aquí, su primera palabra, como respuesta a la pregunta “¿Cómo estás?”, fue: “Tranquilo”.

Nadie cree que él esté como hoy está, cuando llegó recién sus miembros estaban inmovilizado, pero gracias a Jesús, gracias al Dr. Franco y al Dr. Solente, hoy ya puede tomar las cosas con las manos, puede mover los pies y siempre que le preguntan cómo está, él responde:”tranquilo”.

Después de cinco meses y medio de internación empezó a abrir la boca y así poder comulgar todos lo días. Cada vez que comulga se pone contento e intenta decir: “Amén”.

Cuando se siente muy incómodo, le tomo de la mano y rezamos juntos el Padrenuestro, él me mira y con sus ojos grandes me sonríe.

Estuvo 5 meses con sonda y el día de Navidad, el 25 de diciembre de 2008, él mismo se sacó la sonda, la dobló bien y se la entregó en silencio al licenciado Gustavo, nutricionista, y desde ése preciso momento empezó a comer por la boca, hasta hoy. No sabemos cómo pagarle al Lic. Gustavo por el cariño y el amor con que trató a Luis siempre.

Las enfermeras lo miman, lo cuidan bien y yo todo lo que hago, lo hago en el nombre de Jesús. En mis oraciones de mañana y de tarde le pido a Jesús y a la Virgen por el Padre Aldo y los sacerdotes que lo ayudan, por la hermanita Sonia, para que sean el ejemplo en todo. Porque para mí el Padre Aldo es un santo vivo, mis ojos vieron cómo maneja a Clínica sostenido de mucha oración. Tres veces al Día nos da la bendición con el Santísimo, y esto es una gran cosa porque recorrí varios hospitales y no encontré uno como el que él está formando : un Paraíso, donde todos somos una familia y donde Jesús y la Virgencita están con nosotros.

 

Padre Aldo: Le doy siempre las “muchas gracias” como única expresión eterna. Que Dios y la Virgen Santísima les siga iluminado el camino y prodigue siempre ése caudal de fuerza espiritual que está haciendo tanto bien a la humanidad. Cuando usted se despidió para ir a Italia le bendije en el nombre de todos mis hijos y ya estoy esperando la nueva bendición de su pronta llegada ya que lo extrañamos mucho. También quería agradecerle por dejarle con nosotros a la hermanita Sonia, con ella seguimos todos los viernes el Via Crucis a las tres de la tarde, recordándole a todos los que sufren.

La mamá de Luis,

Doris

D

 

¡Siento tanta paz!

Desde que nací viví con mi madre, mis 4 hermanos y 2 hermanas. Éramos pobres pero muy felices, “felices” hasta que llegó mi padrastro. Yo tenía 8 años cuando ésta persona se llevó a mi madre a la Argentina y entonces mis hermanos y yo nos quedamos solos. El siempre fué para mí como un diablo que me separó de mi madre. Un tiempo viví con mi hermano quien me echó de su casa. Fui a vivir con una de mis hermana, quien me maltrataba mucho; así fué como empezé a ir de casa en casa, trabajando para poder estudiar. Estando por cumplir 9 años me violó un señor. Esto fue lo peor que me pudo pasar, hasta hoy no lo puedo olvidar. Desde chico conocí el sufrimiento, pase hambre, frío, sed, marginación. Recuerdo que me iba a la Iglesia porque quería hacer mi Primera Comunión, que al final no la hice, y en las ceremonias para hacer pasar mi hambre cantaba fuerte: ¡Alabaré!.

A los 12 años, por cumplir 13, vine a Asunción, cansado del maltrato de la gente que me aprovechaba. Fue entonces cuando conocí a unas travestis, ellas valiéndose de mi inocencia me dieron la idea de vestirme de mujer para ganar plata. Me transformé y empecé a trabajar como ellas. También siendo travesti sufrí mucho, sentí no sólo el maltrato de mi familia por ser lo que era, sino de gente desconocida que me humillaban, me gritaban y me discriminaban. Por eso decidí vivir encerrado en mi casa durante el día y sólo de noche salir para trabajar. Recuerdo que tenía un espejo grande, donde después de bañarme solía mirarme con cuerpo de mujer, mientras me miraba,como a manera de un relámpago me decía: “¡Dios mío qué hice! ¡Yo no soy éste!”, pero enseguida me brotaba una frase que repetía como jaculatoria, sin saber cómo ni quién me la había enseñado: “No, yo soy la fruta prohibida, soy instrumento del diablo, vine al mundo para llevar a la perdición a los hombres”. Yo sabía que no era bueno lo que hacía, pero siempre había algo ó alguien dentro de mí que me decía otra vez “no” a lo bueno. Adoraba también a una imagen, una mujer desnuda con cuernitos y cola, metida en el fuego que le llaman la Bomba Gira, María Parrilla, protectora de las prostitutas y hasta en los sueños se me presentaba. Una vez le presté esa imagen a una amiga que luego me la quiso devolver porque la había soñado diciéndole: “devolvéme otra vez a ella, porque ella es mía, me pertenece”. Era el demonio mismo quien me decía que ella me daría fuerzas.

Pasó el tiempo y estuve bien económicamente, tuve un negocio y mis familiares se volvieron a acercar a mí, yo pensaba que realmente me querían, me desvivía ayudándoles, hasta que cuando se enteraron que me enfermé de VIH, fueron los primeros que me abandonaron.

Cuando me interné, durante el tiempo de 2 meses, volví a pasar muchas humillaciones,me discriminaban mucho por lo que yo era. Las enfermeras no me hacían caso, no me bañaban, me dejaban encerrado en una sala sin pañal, yo tenía que romper la ropa que llevaba puesta para inventarme un pañal. Les gritaba y les pedía auxilio pero ellas se reían y burlándose decían: “Grito de Tarzán” y a todos los pacientes les contaba que había un traveti internado con VIH. Nunca lo voy a olvidar. La Navidad también lo pasé totalmente solo, sin que nadie fuera a visitarme.

Pasé mucho calor, hambre, sed, hasta que me deshidraté del todo. Casi llegué a fallecer, estuve tres días desvanecido y en ese estado me pasó algo que quisiera contar: sentí que me encontraba en un lugar oscuro, todo era oscuridad, sentía que no estaba en mi cuerpo, y en mi inconciente me decía que estaba muerto, entonces me acordé de Dios y quise rezar, pero no me acordaba de ninguna oración ya que hacía tiempo no rezaba, pensé en el Padrenuestro y tampoco lo recordaba, pero hice el intento, cuando empecé a decir “Padre nuestro que estás en los cielos…” vi una lucecita frente a mí, que se iba agrandando a medida que me iba recordando de ésta oración , e iba creciendo hasta que alcanzó un tamaño de 20 cm. aproximadamente, y no creció más, fue cuando lloré y le pedí a Dios que no me dejara morir en un lugar tan feo y le prometí cambiar. Después de rezar tanto durante esos tres días, de repente apareció un Pastor, un hombre que yo no conocía vino a visitarme, me llamó por mi nombre y me dijo: “Rubén, nos vamos”, “¿Dónde?” le pregunté y me contestó:”Hay una Clínica en San Rafael”. Un amigo que estuvo aquí internado ya me había hablado de lo lindo que era éste lugar. Tanto me emocioné y sin dudar dije “Sí”. “Preparáte, voy a hacer tus papeles”, dije “bueno” y me fui.

Cuando llegué aquí me quedé impresionado cuando vi un lugar tan hermoso, todo blanco y dije: “Gracias Señor, no creí que merecía tanto, un lugar tan lindo, tan limpio”. Las enfermeras me empezaron a tratar muy bien, recibí el cariño de todos los que trabajan aquí y gracias a ello empezé a recuperarme. Ya estoy caminando, poquito y de apoquito.

Le conocí a la hermana Sonia y gracias al Padre Aldo y a la hermana me recuperé pronto, hasta ellos se impresionaban de mi recuperación y eso mediante a la buena atención que me daban y al amor que me brindaban, cosa que nunca antes había recibido de gente extraña. Aquí me hice de muchos amigos, de personas que me quieren, como las voluntarias, que me enseñan a rezar y me hablan de la vida de los santos.

Estoy tranquilo, ¡siento tanta paz!, antes de venir aquí no podía dormir, me pasaba soñando pesadillas, cosas feas, ya que la vida que llevaba no era nada buena Ahora soy feliz, estoy gordo y tengo tres ángeles: la hermanita Sonia, mi ángel blanco, y dos voluntarias. El Padre Aldo es mi “Padre santo”, como lo llaman las voluntarias, quienes me suelen decir: “Todo lo que te estoy enseñando aprendimos de él”. En 34 años de vida es el único Padre del que llegué a escuchar que tanto quiere a los enfermos. Todas las noches hace su recorrido para ver si estamos bien y les exige a las enfermeras para que no nos falte nada.

Antes de venir estuve internado en tres Hospitales, pero nunca recibí tan buena alimentación, con desayuno, media mañana, almuerzo, merienda, cena, y si queremos repetir, pedimos y se nos da más. Gracias al Padre que hace que hace de todo por darnos el gusto a nosotros y también a los parientes de los enfermos.

Aquí hice mi Primera Comunión y mi Confirmación. Fueron días muy emocionantes, lo mejores que pudieron haberme pasado en la vida. Antes yo no creía en Dios, solía pensar: “Si existís porqué hay tanta pobreza, porqué me quitaste todas las cosas, porqué yo sufro tanto”. Dios me ha demostrado que estuve equivocado, que nunca me abandonó.

Nadie cree en mi cambio, todos mis amigos me dicen: “Sos otra persona”, “Estás re-cambiado Rubén”, “Ojala que reces mucho por nosotros porque necesitamos”.A una de mis amigas le regalé un Rosario y ella se sorprendió cuando le dije:”Para que Dios te bendiga y te proteja”, ya que antes a nadie le hablaba así,

Lo que mas hago es rezar, de tanto que rezo hasta una de mis hermanas cambió su relación conmigo, todos los días me llama a saber cómo estoy. También un amigo mío cambió de vida y vino a visitarme.

Para mí todo es Jesús y San José, ya que mi cumpleaños cae el día de este santo varón. Todas las noches rezo por el Padre Aldo, la hermanita Sonia y por todos los pacientes.

 

 

 

Padre:Te extraño mucho, deseamos su pronto regreso, que Dios te cuide y te proteja

Rubén.

 

 

 

 

Encontré un Papá como el que nunca tuve

 

Mi vida antes de llegar a la Clínica fue terrible. Pasé cosas horrorosas, como la discriminación, la soledad y el dolor. El dolor más grande que sentí en mi vida fue enterarme que mi hija tenía como yo, el VIH, eso para mí fue la mayor prueba que Dios pudo darme. Le pido a Dios que el día de mañana pueda encontrarse una cura para esta enfermedad, no por los mayores que no lo merecemos, sino por los niños que sufren por la culpa de los grandes.

Cuando me enteré que mi marido estaba infectado con el VIH, yo estaba embarazada de mi último hijo, mi hija de dos añitos estaba muy enferma y era una niña incapacitada, que sufría del corazón. Los doctores me pidieron que me hiciera urgente unos analisis, yo me asusté mucho y lo único que le pedía a Dios era que ninguno de mis hijos estuviera infectado con ése virus. Yasmina , mi hija mayor, salió con resultado negativo, pero Yenifer, la de dos añitos, y yo salimos con resultado positivo. Fue un dolor tan grande que nunca voy a olvidar y me decía: “Si fuera solamente yo, ¿porqué ella siendo tan inocente, tan chiquitita? Y pensaba: “Ya no voy a poder verle a mis hijos, me van a llevar a una lugar aislado lejos de mis hijos”. La psicóloga que me dio los resultados me abrazó explicándome qué es el VIH, qué es el SIDA y cómo se transmite, que el tratamiento es a base de medicamentos, una buena alimentación, evitando ingerir bebeidas alcohólicas. Que los niños viven hasta los 16 a 17 años, y que por encima de todo pronóstico médico está la mano de Dios, el único que sabe hasta cuándo. Luego de dar a luz a mi hijo, empezé a recaer ya no pude cuidar a mis hijos, y decidí dejarlos en un Hogar para niños con VIH.

Siempre me hablaban de ésta Clínica, entonces accedí a ella en una etapa muy difícil de mi enfermedad. Aquí me encontré con gente maravillosa, me encontré con una nueva familia y con un “Papá” que nunca antes tuve, un papá que es todo para mí y lo más sagrado que tengo: el Padre Aldo. Me siento tan mimada por él que siempre lo primero que hago es preguntar por él. Ël me brindó mucha ayuda y aquí soy muy feliz, porque todos me dan amor, comprensión, medicamentos, gratuitamente. Gracias a Dios y al Padre Aldo estamos limpios, con sábansas limpias, ropas limpias, maquilladitas y bien peinadas. Las enfermeras nos cuidan muy bien, con cariño y afecto.Éste lugar es un Paraíso.

Después de dos años volví a la Clínica por una recaída y ya gracias a Dios me estoy recuperando. El diablo me llevó por muy mal camino, pero Dios me sacudió, porque me quiere y me ama y no desea que siendo su hija siga haciendo lo que hacía. Ahora más que nunca estoy decidida a cambiar, quiero ser otra Alice, esta vez recibí bien la prueba y mi corazón cambió profundamente. Lo único que deseo es pasarle una mano a mi prójimo, hacerle favores sin pedirle nada a cambio, es lo que estoy experimentando y aprendiendo.

Estoy muy agradecida al Padre Aldo, a quien le adoro, como a un papá, siempre va a ser mi papito querido a quien quiero con todo el corazón.

 

Papi: Quiero decirte que te quiero mucho y te pido perdón por todos los quebrantos que te di en la vida, también quiero agradecerte por cada momento , cada segundo que me diste, pero más grande aún es agradecerte por cuidar de mi hija, que sé la tenés como a tu hija. Quiero que me perdones por todos los sufrimientos que te hice pasar, estoy muy arrepentida, yo te prometo cambiar y ser la persona que vos deseas y en el nombre de Jesús y de nuestra Virgencita María, voy a lograr serla.

Alice.

 

 

Gracias por darme un lugar en tu mundo

Al Padre Aldo lo conocí hace tiempo y nunca pensé que a través de ésta enfermedad nos volveríamos a encontrarnos en su Clínica, que es la Clínica de Dios. Hace doce años que lo conocí y nunca me olvidé de él, siempre lo tuve en mi mente. Recuerdo cuando se fue llegando a mi mueblería y me dijo:” Necesito una cama de dos pisos, porque tengo unos muchachos con Sida”, en aquella época yo no sabía de qué se trataba esa enfermedad.

Tengo 41 años y lo que me duele en el alma es la discriminación que conlleva el VIH. Yo le agradezco al Padre por haberme acogido por que hasta por mi misma familia fui marginada. El VIH para mí no es nada, estoy tranquila, no es la enfermedad la que te duele sino la discriminación. Dios quiera todos puedan cuidarse.

En ésta Clínica vivimos de la caridad del Padre Aldo porque sino fuera por él, no hubiéramos ya sobrevivido, porque es una enfermedad que requiere muchos gastos.

El Padre parece un angel, yo no sé porqué sentí por él un verdadero amor desde que lo ví. Ahora que está de viaje lo extraño porque él te da mucha paz. Ël me dio mucho, techo. comida, cama,…porque no hay muchos lugares que te puedan ofrecer eso. Es muy buena persona, para mí no importa qué religión sea él y qué yo, lo que me importa es él y espero que vuelva pronto porque cuando se fue, lloré, me sentí sola y presentía también que me iban a pasar muchas cosas.

Aprendí que todos somos uno, y puedo ver a Jesús en todos.

 

Padre: Te quiero Padre, te extraño, gracias por darme un lugar en tu mundo y te esperamos pronto, porque te quiero.

Rosi.

 

 

 

 

 

 

 

Una forma de esperanza

Esta Clínica es una forma de tener más esperanza y de seguir viviendo.

Me quiero curar, tengo mucha fe en Dios, fe de seguir viviendo y rehacer mi vida.

Gracias a la atención al buen trato mejoré bastante.

 

 

Padre: Lo extrañamos mucho.

Angel.

 

 

 

 

Muchas gracias Padre

Estoy muy contento en la Clínica, a Dios Todopoderoso y a la Virgen, le rezamos, le hablamos, le pedimos socorro y favor, y así como nosotros pedimos nos muestra.Esto es un Paraíso.

Yo lloraba mucho, y por cualquier cosa, le pedía socorro a la Virgen para que secara mis lagrimas y parara de llorar, porque en vez de reirme lloraba. Un día amanecí con la sonrisa en los labios, cuando me trajo la comunión el Padre Aldo le dije: “Muchas gracias Padre” y él me contestó, bromeando: “Chiquitito pero pesado”.

Da gusto estar con el Padre Aldo, lo que él hace no hace cualquiera, nos da la comida y lo que necesitamos. A Dios y a todos los ángeles le pido que le de día feliz.

 

Padre: Te agradezco por recibirme, estoy esperando que llegues. Te extraño mucho.

Ignacio.

 

 

 

Un Padrino espectacular

Estoy contenta porque estoy a lado de mi Padrino. Mi vida cambió desde que le conocí aquí al Padre. Antes me iba poco a la Iglesia. Mi Padrino es un Padre espectacular, me ayudó a acercarme más a la Iglesia. Es un hombre muy fuerte, porque sabe rebuscarse para ayudar al prójimo. Estoy orgullosa de él.

 

Padre: Te quiero mucho. Gracias por recibirme en éste hospital. Estoy rezando por vos. Te extraño Padrino. Espero tu visita muy pronto.

Fermina

 

 

 

No me entra en la cabeza volver a casa

Yo no tengo más que agradecer a la obra, desde que me trajeron a ésta Clínica me sentí muy contento, feliz, porque la estructura misma que me cobija es muy diferente a los otros lugares que recorrí.

La mejoría de mi salud es fabulosa, muy grande. Ni en lo más mínimo me entra en la cabeza querer regresar a casa, aquí estoy muy contento, plenamente satisfecho con mi estadía. No tengo palabras para agradecer. Yo digo que Dios me trajo aquí, por eso estoy muy agradecido a él, porque es una bendición suya que yo llegue a sentirme aquí como uno más de la familia. Estoy gozando porque estamos todos muy bien cuidados.

Al Padre Aldo le debemos todo nuestro reconocimiento.

 

Padre: No te preocupes por nosotros, a pesar de que no estás, igual estamos bajo las presencia de buenos profesionales. Disfrutá de tu estadía allá, que cuando regreses te vamos a recibir con todas nuestras energías, porque te consideramos un “Papá”, un papá que va a regresar después de un tiempo de ausencia .

Justo.

 

 

 

 

En la Clínica cambió mi vida

En la Clínica estoy feliz gracias a que me ha recibido otra vez el Padre Aldo. Lo quiero mucho al Padre. En la Clínica cambió mi vida, estoy feliz aquí, recibo mucho cariño de parte de todos, también de parte de la Hermana Sonia y de la Hermana Estela.

Antes de recibir la comunión rezo por mi hija para que siga adelante con sus estudios. Rezo día y noche por el padre Aldo, para que llegue de su viaje y no le suceda nada malo.

 

Padre: Te espero con mucho cariño de tu viaje. Te agradezco por haberme recibido otra vez.

Ramonita.

 

 

 

 

El milagro de Dios que me levanta

En la Clínica experimento el milagro de Dios que me levanta, veo que Él hace todo por mí. Todas las cosas que yo le pido, él me las cumple, gracias a su milagro estoy viviendo todavía. El es el único que tengo en la vida. Dios es mi protector, mi amigo, mi doctor. Yo pongo todo en sus manos, mi enfermedad se la entrego a él. Le entrego mi pecado, esas barbaridades que cometí, le entrego mi vida, mi pasado mi juventud. Todo dejo en sus manos, todo mi sufrimiento, mi angustia y mi dolor.

Espero que Dios me conceda un milagro grande para que yo pueda cumplir todo lo que pacté con él, aquello que yo le prometí a él y a su madre la Virgencita de Caacupe.

Estoy en su casa, me trajo a la casa de Dios, estoy muy contenta por eso. Dios me trajo porque yo le pedí mucho que me ayudara , y me escuchó y me trajo aquí.

Le pido a Dios no guardar ningún rencor ni enojarme por la soledad en la que me dejan mis hijos.

 

Padre: Muchos saludos. Bendígame desde allí, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Claudelina.

 

 

 

 

Llevo mi enfermedad con alegría

Estoy bien en la Clínica, desde que llegué encontré buena atención, la gente es agradable, sabe tratar. Mi relación con Dios mejoró. La atención que te dan me hace llevar mi enfermedad con alegría y con bromas. La presencia del Padre Aldo me ayuda en todo sentido, su trato, su testimonio de conversión.

Llegué y me confesé después de 30 años, y sentí un deseo de cambio. Estoy muy contento de recibir a Jesús todos los días.

Padre: Muchas gracias por recibirme.

Bernardo

 

Mediante el Padre Aldo yo me salvé

Mediante el Padre Aldo yo me salvé, o sino ya me moría.

Gracias al Padre me recuperé mucho en estos 2 años de estadía en la Clínica. Estoy feliz.

Le quiero mucho al Padre Aldo por ser mi Padrino. Ël me confirmó y estoy feliz por eso y eso me ayudó mucho. Me gusta recibir la comunión todos los días. Aquí le conocí a Dios y a la Virgen , los quiero mucho. También aquí aprendí a rezar el Padrenuestro. Estoy muy contento.

Antes yo era drogadicto, fumaba cocaína, marihuana, cigarrillo,tomaba bebidas alcohólicas, y ahora ya no, no busco más. Dios me ayudó. Estuve un año en Tacumbú y un año en Emboscada. A mi projimo le clavaba con cuchillo, en la cárcel le maté a uno.

Ahora cuando salga voy a trabajar.

 

Padre: Le mando saludos.

Marcelino

 

 

 

 

 

 

 

Estoy contenta con el trato que me dan.

 

Padre: Le mando besos.

Patty

CARTAS AL PADRE ALDO

De pacientes de la Clínica Divina Providencia – 23 de marzo de 2008

 

 

Padrecito, aquí le envío todos los testimonios que gracias a Dios pude recoger en un día. Testimonios de todos los pacientes que pueden hablar, con y sin dificultad. Y para que tenga la certeza de lo mucho que lo quieren y lo extrañan, ellos le envían unas palabras exclusivas para su corazón de Padre, después de relatar con mucha emoción los milagros de amor y de esperanza que Dios ha obrado y sigue obrando, gracias a usted, en sus vidas. Con todo cariño , su hermanita Sonia María de la Cruz.

 

 

El Milagro del Padre Giussani

Padre Aldo, siempre lo vamos a tener en nuestro corazón

Celeste es mi hija de 11 años. Un milagro de Giussani.

Cuando estábamos en el Hospital ella en terapia intensiva y yo con su hermanito bebé en mis brazos, decidí llamarle a su papá, quien me ayudó bastante, porque de día yo me quedaba con ella y él de noche. Yo volvía a casa con la angustia de cómo iba a amanecer mi hija, si al regresar la iba a encontrar viva ó iba a recibir una mala noticia, ese era el pensamiento que me albergaba todos los días. Un día la doctora que la atendía se acercó a hablarme y me dió la noticia que tanto quería oír acerca de Celeste, me dijo que ella se estaba recuperando poco a poco, pero no del todo, todavía no habíamos salido del peligro. Tres semanas después la doctora me llevó hasta ella en terapia y me mostró que Celeste había ya abierto sus ojitos, me dijo: “Celeste ya despertó”. Yo no sabía si llorar de felicidad ó qué hacer, pero lloré y mucho entre la felicidad y la angustia. Después de veintidós días me avisaron que ella ya salía de terapia. Nos mudamos de sala, los médicos hicieron todo lo posible por mejorarla, pero luego me dijeron que no podía recibir más los medicamentos y volvió a recaer, que ya no se podía hacer nada, solamente esperar, dejándola en las manos de Dios. Entonces redoblé mis oraciones, recé mucho para que Celeste pueda encontrar un lugar de paz y tranquilidad. En una ocasión la doctora me habló acerca de ésta Clínica, por un segundo pensé que a mi hija me la iban a sacar y volví a llorar mucho, tenía mucho miedo, porque ella no tenía defensas, era como un bebé totalmente indefenso, pero sin ninguna movilización. Le pregunté si yo podía estar con ella y me dijo que sí, le agradecí a Dios por haberme escuchado y comenzamos a llenar los papales para la próxima internación. La misma tarde que su papá trajo los papeles a ésta Clínica, nos llamaron a decir que ya había lugar aquí para Celeste.

Cuando llegué aquí con mi hija me sorprendió la increíble amabilidad de la gente. La recibieron con tanto cariño, tanto amor y volví a agradecerle a Dios porque nunca nos abandonó. Recuerdo que a la noche del mismo día que llegamos, había a lado de su cama una jarra de agua y solo con su mirada me dijo:”Mamá quiero agua”.Todo lo que podía era sólo mirarme, y sin embargo a lo largo de éstos 4 meses que estamos aquí el milagro de Dios ha sido muy grande. Yo tengo mucha fe en Dios, en la Virgen y en todos los santos. Pienso que la fe importa mucho.Me pasaba rezando día y noche por ella, caminando y haciendo lo que sea.Dios me muestra que me sigue escuchado, y le pido que Celeste pueda volver a hablar, con la esperanza de que lo va a hacer, porque ya dice las vocales. Además ya camina y llena de vida, con ánimo y siempre sonriendo.

Nunca voy a dejar de agradecerle al Padre Aldo y a todos los de la Clínica, por el cariño que le tienen a mi hija, por el amor que le brindan todos los días. Entre los parientes de los pacientes solemos comentar que no encontramos en Paraguay un sacerdote paraguayo que se desviva por sus paisanos, sin embargo en el Padre Aldo le tenemos a un extranjero que vino a nuestro país a formar un hogar, un Paraíso para todos.

Le agradezco al Padre de todo corazón y le pido a Dios y a la Virgen que pueda durarnos una eternidad, porque no creemos pueda existir otra persona como él. Además Dios escuchó las súplicas del Padre Aldo a Giussani por Celeste y lo sigue escuchando. También nosotros le rezamos a Giussani por la vida del Padre pidiéndole que lo ilumine siempre.

 

Padre: Te agradezco por el cariño que le brindas a mi hija. Celeste ya te extraña y pregunta por vos. Me escribe en su cuaderno, “¿El Padre dónde está?” y para que le entienda mejor me señala a Aldito en su cuna. Nosotros también te extrañamos mucho, ojala que regreses pronto.

La mamá de Celeste,

Delma.

 

 

Este lugar es un Paraíso

Gracias a la presencia del Padre Aldo y de la hermana Sonia, Luis recibe todos los días las bendiciones de Dios y de la Virgencita.

Mientras Luis entró en coma Dios me mostró el milagro de venir a ésta Clínica, él llegó aquí ya para despedirse de todos, llegó en el nombre de Jesús y la Virgencita, y fue donde recuperó la salud. A los seis meses de su estadía aquí, su primera palabra, como respuesta a la pregunta “¿Cómo estás?”, fue: “Tranquilo”.

Nadie cree que él esté como hoy está, cuando llegó recién sus miembros estaban inmovilizado, pero gracias a Jesús, gracias al Dr. Franco y al Dr. Solente, hoy ya puede tomar las cosas con las manos, puede mover los pies y siempre que le preguntan cómo está, él responde:”tranquilo”.

Después de cinco meses y medio de internación empezó a abrir la boca y así poder comulgar todos lo días. Cada vez que comulga se pone contento e intenta decir: “Amén”.

Cuando se siente muy incómodo, le tomo de la mano y rezamos juntos el Padrenuestro, él me mira y con sus ojos grandes me sonríe.

Estuvo 5 meses con sonda y el día de Navidad, el 25 de diciembre de 2008, él mismo se sacó la sonda, la dobló bien y se la entregó en silencio al licenciado Gustavo, nutricionista, y desde ése preciso momento empezó a comer por la boca, hasta hoy. No sabemos cómo pagarle al Lic. Gustavo por el cariño y el amor con que trató a Luis siempre.

Las enfermeras lo miman, lo cuidan bien y yo todo lo que hago, lo hago en el nombre de Jesús. En mis oraciones de mañana y de tarde le pido a Jesús y a la Virgen por el Padre Aldo y los sacerdotes que lo ayudan, por la hermanita Sonia, para que sean el ejemplo en todo. Porque para mí el Padre Aldo es un santo vivo, mis ojos vieron cómo maneja a Clínica sostenido de mucha oración. Tres veces al Día nos da la bendición con el Santísimo, y esto es una gran cosa porque recorrí varios hospitales y no encontré uno como el que él está formando : un Paraíso, donde todos somos una familia y donde Jesús y la Virgencita están con nosotros.

 

Padre Aldo: Le doy siempre las “muchas gracias” como única expresión eterna. Que Dios y la Virgen Santísima les siga iluminado el camino y prodigue siempre ése caudal de fuerza espiritual que está haciendo tanto bien a la humanidad. Cuando usted se despidió para ir a Italia le bendije en el nombre de todos mis hijos y ya estoy esperando la nueva bendición de su pronta llegada ya que lo extrañamos mucho. También quería agradecerle por dejarle con nosotros a la hermanita Sonia, con ella seguimos todos los viernes el Via Crucis a las tres de la tarde, recordándole a todos los que sufren.

La mamá de Luis,

Doris

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¡Siento tanta paz!

Desde que nací viví con mi madre, mis 4 hermanos y 2 hermanas. Éramos pobres pero muy felices, “felices” hasta que llegó mi padrastro. Yo tenía 8 años cuando ésta persona se llevó a mi madre a la Argentina y entonces mis hermanos y yo nos quedamos solos. El siempre fué para mí como un diablo que me separó de mi madre. Un tiempo viví con mi hermano quien me echó de su casa. Fui a vivir con una de mis hermana, quien me maltrataba mucho; así fué como empezé a ir de casa en casa, trabajando para poder estudiar. Estando por cumplir 9 años me violó un señor. Esto fue lo peor que me pudo pasar, hasta hoy no lo puedo olvidar. Desde chico conocí el sufrimiento, pase hambre, frío, sed, marginación. Recuerdo que me iba a la Iglesia porque quería hacer mi Primera Comunión, que al final no la hice, y en las ceremonias para hacer pasar mi hambre cantaba fuerte: ¡Alabaré!.

A los 12 años, por cumplir 13, vine a Asunción, cansado del maltrato de la gente que me aprovechaba. Fue entonces cuando conocí a unas travestis, ellas valiéndose de mi inocencia me dieron la idea de vestirme de mujer para ganar plata. Me transformé y empecé a trabajar como ellas. También siendo travesti sufrí mucho, sentí no sólo el maltrato de mi familia por ser lo que era, sino de gente desconocida que me humillaban, me gritaban y me discriminaban. Por eso decidí vivir encerrado en mi casa durante el día y sólo de noche salir para trabajar. Recuerdo que tenía un espejo grande, donde después de bañarme solía mirarme con cuerpo de mujer, mientras me miraba,como a manera de un relámpago me decía: “¡Dios mío qué hice! ¡Yo no soy éste!”, pero enseguida me brotaba una frase que repetía como jaculatoria, sin saber cómo ni quién me la había enseñado: “No, yo soy la fruta prohibida, soy instrumento del diablo, vine al mundo para llevar a la perdición a los hombres”. Yo sabía que no era bueno lo que hacía, pero siempre había algo ó alguien dentro de mí que me decía otra vez “no” a lo bueno. Adoraba también a una imagen, una mujer desnuda con cuernitos y cola, metida en el fuego que le llaman la Bomba Gira, María Parrilla, protectora de las prostitutas y hasta en los sueños se me presentaba. Una vez le presté esa imagen a una amiga que luego me la quiso devolver porque la había soñado diciéndole: “devolvéme otra vez a ella, porque ella es mía, me pertenece”. Era el demonio mismo quien me decía que ella me daría fuerzas.

Pasó el tiempo y estuve bien económicamente, tuve un negocio y mis familiares se volvieron a acercar a mí, yo pensaba que realmente me querían, me desvivía ayudándoles, hasta que cuando se enteraron que me enfermé de VIH, fueron los primeros que me abandonaron.

Cuando me interné, durante el tiempo de 2 meses, volví a pasar muchas humillaciones,me discriminaban mucho por lo que yo era. Las enfermeras no me hacían caso, no me bañaban, me dejaban encerrado en una sala sin pañal, yo tenía que romper la ropa que llevaba puesta para inventarme un pañal. Les gritaba y les pedía auxilio pero ellas se reían y burlándose decían: “Grito de Tarzán” y a todos los pacientes les contaba que había un traveti internado con VIH. Nunca lo voy a olvidar. La Navidad también lo pasé totalmente solo, sin que nadie fuera a visitarme.

Pasé mucho calor, hambre, sed, hasta que me deshidraté del todo. Casi llegué a fallecer, estuve tres días desvanecido y en ese estado me pasó algo que quisiera contar: sentí que me encontraba en un lugar oscuro, todo era oscuridad, sentía que no estaba en mi cuerpo, y en mi inconciente me decía que estaba muerto, entonces me acordé de Dios y quise rezar, pero no me acordaba de ninguna oración ya que hacía tiempo no rezaba, pensé en el Padrenuestro y tampoco lo recordaba, pero hice el intento, cuando empecé a decir “Padre nuestro que estás en los cielos…” vi una lucecita frente a mí, que se iba agrandando a medida que me iba recordando de ésta oración , e iba creciendo hasta que alcanzó un tamaño de 20 cm. aproximadamente, y no creció más, fue cuando lloré y le pedí a Dios que no me dejara morir en un lugar tan feo y le prometí cambiar. Después de rezar tanto durante esos tres días, de repente apareció un Pastor, un hombre que yo no conocía vino a visitarme, me llamó por mi nombre y me dijo: “Rubén, nos vamos”, “¿Dónde?” le pregunté y me contestó:”Hay una Clínica en San Rafael”. Un amigo que estuvo aquí internado ya me había hablado de lo lindo que era éste lugar. Tanto me emocioné y sin dudar dije “Sí”. “Preparáte, voy a hacer tus papeles”, dije “bueno” y me fui.

Cuando llegué aquí me quedé impresionado cuando vi un lugar tan hermoso, todo blanco y dije: “Gracias Señor, no creí que merecía tanto, un lugar tan lindo, tan limpio”. Las enfermeras me empezaron a tratar muy bien, recibí el cariño de todos los que trabajan aquí y gracias a ello empezé a recuperarme. Ya estoy caminando, poquito y de apoquito.

Le conocí a la hermana Sonia y gracias al Padre Aldo y a la hermana me recuperé pronto, hasta ellos se impresionaban de mi recuperación y eso mediante a la buena atención que me daban y al amor que me brindaban, cosa que nunca antes había recibido de gente extraña. Aquí me hice de muchos amigos, de personas que me quieren, como las voluntarias, que me enseñan a rezar y me hablan de la vida de los santos.

Estoy tranquilo, ¡siento tanta paz!, antes de venir aquí no podía dormir, me pasaba soñando pesadillas, cosas feas, ya que la vida que llevaba no era nada buena Ahora soy feliz, estoy gordo y tengo tres ángeles: la hermanita Sonia, mi ángel blanco, y dos voluntarias. El Padre Aldo es mi “Padre santo”, como lo llaman las voluntarias, quienes me suelen decir: “Todo lo que te estoy enseñando aprendimos de él”. En 34 años de vida es el único Padre del que llegué a escuchar que tanto quiere a los enfermos. Todas las noches hace su recorrido para ver si estamos bien y les exige a las enfermeras para que no nos falte nada.

Antes de venir estuve internado en tres Hospitales, pero nunca recibí tan buena alimentación, con desayuno, media mañana, almuerzo, merienda, cena, y si queremos repetir, pedimos y se nos da más. Gracias al Padre que hace que hace de todo por darnos el gusto a nosotros y también a los parientes de los enfermos.

Aquí hice mi Primera Comunión y mi Confirmación. Fueron días muy emocionantes, lo mejores que pudieron haberme pasado en la vida. Antes yo no creía en Dios, solía pensar: “Si existís porqué hay tanta pobreza, porqué me quitaste todas las cosas, porqué yo sufro tanto”. Dios me ha demostrado que estuve equivocado, que nunca me abandonó.

Nadie cree en mi cambio, todos mis amigos me dicen: “Sos otra persona”, “Estás re-cambiado Rubén”, “Ojala que reces mucho por nosotros porque necesitamos”.A una de mis amigas le regalé un Rosario y ella se sorprendió cuando le dije:”Para que Dios te bendiga y te proteja”, ya que antes a nadie le hablaba así,

Lo que mas hago es rezar, de tanto que rezo hasta una de mis hermanas cambió su relación conmigo, todos los días me llama a saber cómo estoy. También un amigo mío cambió de vida y vino a visitarme.

Para mí todo es Jesús y San José, ya que mi cumpleaños cae el día de este santo varón. Todas las noches rezo por el Padre Aldo, la hermanita Sonia y por todos los pacientes.

 

 

 

Padre:Te extraño mucho, deseamos su pronto regreso, que Dios te cuide y te proteja

Rubén.

 

 

 

 

Encontré un Papá como el que nunca tuve

 

Mi vida antes de llegar a la Clínica fue terrible. Pasé cosas horrorosas, como la discriminación, la soledad y el dolor. El dolor más grande que sentí en mi vida fue enterarme que mi hija tenía como yo, el VIH, eso para mí fue la mayor prueba que Dios pudo darme. Le pido a Dios que el día de mañana pueda encontrarse una cura para esta enfermedad, no por los mayores que no lo merecemos, sino por los niños que sufren por la culpa de los grandes.

Cuando me enteré que mi marido estaba infectado con el VIH, yo estaba embarazada de mi último hijo, mi hija de dos añitos estaba muy enferma y era una niña incapacitada, que sufría del corazón. Los doctores me pidieron que me hiciera urgente unos analisis, yo me asusté mucho y lo único que le pedía a Dios era que ninguno de mis hijos estuviera infectado con ése virus. Yasmina , mi hija mayor, salió con resultado negativo, pero Yenifer, la de dos añitos, y yo salimos con resultado positivo. Fue un dolor tan grande que nunca voy a olvidar y me decía: “Si fuera solamente yo, ¿porqué ella siendo tan inocente, tan chiquitita? Y pensaba: “Ya no voy a poder verle a mis hijos, me van a llevar a una lugar aislado lejos de mis hijos”. La psicóloga que me dio los resultados me abrazó explicándome qué es el VIH, qué es el SIDA y cómo se transmite, que el tratamiento es a base de medicamentos, una buena alimentación, evitando ingerir bebeidas alcohólicas. Que los niños viven hasta los 16 a 17 años, y que por encima de todo pronóstico médico está la mano de Dios, el único que sabe hasta cuándo. Luego de dar a luz a mi hijo, empezé a recaer ya no pude cuidar a mis hijos, y decidí dejarlos en un Hogar para niños con VIH.

Siempre me hablaban de ésta Clínica, entonces accedí a ella en una etapa muy difícil de mi enfermedad. Aquí me encontré con gente maravillosa, me encontré con una nueva familia y con un “Papá” que nunca antes tuve, un papá que es todo para mí y lo más sagrado que tengo: el Padre Aldo. Me siento tan mimada por él que siempre lo primero que hago es preguntar por él. Ël me brindó mucha ayuda y aquí soy muy feliz, porque todos me dan amor, comprensión, medicamentos, gratuitamente. Gracias a Dios y al Padre Aldo estamos limpios, con sábansas limpias, ropas limpias, maquilladitas y bien peinadas. Las enfermeras nos cuidan muy bien, con cariño y afecto.Éste lugar es un Paraíso.

Después de dos años volví a la Clínica por una recaída y ya gracias a Dios me estoy recuperando. El diablo me llevó por muy mal camino, pero Dios me sacudió, porque me quiere y me ama y no desea que siendo su hija siga haciendo lo que hacía. Ahora más que nunca estoy decidida a cambiar, quiero ser otra Alice, esta vez recibí bien la prueba y mi corazón cambió profundamente. Lo único que deseo es pasarle una mano a mi prójimo, hacerle favores sin pedirle nada a cambio, es lo que estoy experimentando y aprendiendo.

Estoy muy agradecida al Padre Aldo, a quien le adoro, como a un papá, siempre va a ser mi papito querido a quien quiero con todo el corazón.

 

Papi: Quiero decirte que te quiero mucho y te pido perdón por todos los quebrantos que te di en la vida, también quiero agradecerte por cada momento , cada segundo que me diste, pero más grande aún es agradecerte por cuidar de mi hija, que sé la tenés como a tu hija. Quiero que me perdones por todos los sufrimientos que te hice pasar, estoy muy arrepentida, yo te prometo cambiar y ser la persona que vos deseas y en el nombre de Jesús y de nuestra Virgencita María, voy a lograr serla.

Alice.

 

 

Gracias por darme un lugar en tu mundo

Al Padre Aldo lo conocí hace tiempo y nunca pensé que a través de ésta enfermedad nos volveríamos a encontrarnos en su Clínica, que es la Clínica de Dios. Hace doce años que lo conocí y nunca me olvidé de él, siempre lo tuve en mi mente. Recuerdo cuando se fue llegando a mi mueblería y me dijo:” Necesito una cama de dos pisos, porque tengo unos muchachos con Sida”, en aquella época yo no sabía de qué se trataba esa enfermedad.

Tengo 41 años y lo que me duele en el alma es la discriminación que conlleva el VIH. Yo le agradezco al Padre por haberme acogido por que hasta por mi misma familia fui marginada. El VIH para mí no es nada, estoy tranquila, no es la enfermedad la que te duele sino la discriminación. Dios quiera todos puedan cuidarse.

En ésta Clínica vivimos de la caridad del Padre Aldo porque sino fuera por él, no hubiéramos ya sobrevivido, porque es una enfermedad que requiere muchos gastos.

El Padre parece un angel, yo no sé porqué sentí por él un verdadero amor desde que lo ví. Ahora que está de viaje lo extraño porque él te da mucha paz. Ël me dio mucho, techo. comida, cama,…porque no hay muchos lugares que te puedan ofrecer eso. Es muy buena persona, para mí no importa qué religión sea él y qué yo, lo que me importa es él y espero que vuelva pronto porque cuando se fue, lloré, me sentí sola y presentía también que me iban a pasar muchas cosas.

Aprendí que todos somos uno, y puedo ver a Jesús en todos.

 

Padre: Te quiero Padre, te extraño, gracias por darme un lugar en tu mundo y te esperamos pronto, porque te quiero.

Rosi.

 

 

 

 

 

 

 

Una forma de esperanza

Esta Clínica es una forma de tener más esperanza y de seguir viviendo.

Me quiero curar, tengo mucha fe en Dios, fe de seguir viviendo y rehacer mi vida.

Gracias a la atención al buen trato mejoré bastante.

 

 

Padre: Lo extrañamos mucho.

Angel.

 

 

 

 

Muchas gracias Padre

Estoy muy contento en la Clínica, a Dios Todopoderoso y a la Virgen, le rezamos, le hablamos, le pedimos socorro y favor, y así como nosotros pedimos nos muestra.Esto es un Paraíso.

Yo lloraba mucho, y por cualquier cosa, le pedía socorro a la Virgen para que secara mis lagrimas y parara de llorar, porque en vez de reirme lloraba. Un día amanecí con la sonrisa en los labios, cuando me trajo la comunión el Padre Aldo le dije: “Muchas gracias Padre” y él me contestó, bromeando: “Chiquitito pero pesado”.

Da gusto estar con el Padre Aldo, lo que él hace no hace cualquiera, nos da la comida y lo que necesitamos. A Dios y a todos los ángeles le pido que le de día feliz.

 

Padre: Te agradezco por recibirme, estoy esperando que llegues. Te extraño mucho.

Ignacio.

 

 

 

Un Padrino espectacular

Estoy contenta porque estoy a lado de mi Padrino. Mi vida cambió desde que le conocí aquí al Padre. Antes me iba poco a la Iglesia. Mi Padrino es un Padre espectacular, me ayudó a acercarme más a la Iglesia. Es un hombre muy fuerte, porque sabe rebuscarse para ayudar al prójimo. Estoy orgullosa de él.

 

Padre: Te quiero mucho. Gracias por recibirme en éste hospital. Estoy rezando por vos. Te extraño Padrino. Espero tu visita muy pronto.

Fermina

 

 

 

No me entra en la cabeza volver a casa

Yo no tengo más que agradecer a la obra, desde que me trajeron a ésta Clínica me sentí muy contento, feliz, porque la estructura misma que me cobija es muy diferente a los otros lugares que recorrí.

La mejoría de mi salud es fabulosa, muy grande. Ni en lo más mínimo me entra en la cabeza querer regresar a casa, aquí estoy muy contento, plenamente satisfecho con mi estadía. No tengo palabras para agradecer. Yo digo que Dios me trajo aquí, por eso estoy muy agradecido a él, porque es una bendición suya que yo llegue a sentirme aquí como uno más de la familia. Estoy gozando porque estamos todos muy bien cuidados.

Al Padre Aldo le debemos todo nuestro reconocimiento.

 

Padre: No te preocupes por nosotros, a pesar de que no estás, igual estamos bajo las presencia de buenos profesionales. Disfrutá de tu estadía allá, que cuando regreses te vamos a recibir con todas nuestras energías, porque te consideramos un “Papá”, un papá que va a regresar después de un tiempo de ausencia .

Justo.

 

 

 

 

En la Clínica cambió mi vida

En la Clínica estoy feliz gracias a que me ha recibido otra vez el Padre Aldo. Lo quiero mucho al Padre. En la Clínica cambió mi vida, estoy feliz aquí, recibo mucho cariño de parte de todos, también de parte de la Hermana Sonia y de la Hermana Estela.

Antes de recibir la comunión rezo por mi hija para que siga adelante con sus estudios. Rezo día y noche por el padre Aldo, para que llegue de su viaje y no le suceda nada malo.

 

Padre: Te espero con mucho cariño de tu viaje. Te agradezco por haberme recibido otra vez.

Ramonita.

 

 

 

 

El milagro de Dios que me levanta

En la Clínica experimento el milagro de Dios que me levanta, veo que Él hace todo por mí. Todas las cosas que yo le pido, él me las cumple, gracias a su milagro estoy viviendo todavía. El es el único que tengo en la vida. Dios es mi protector, mi amigo, mi doctor. Yo pongo todo en sus manos, mi enfermedad se la entrego a él. Le entrego mi pecado, esas barbaridades que cometí, le entrego mi vida, mi pasado mi juventud. Todo dejo en sus manos, todo mi sufrimiento, mi angustia y mi dolor.

Espero que Dios me conceda un milagro grande para que yo pueda cumplir todo lo que pacté con él, aquello que yo le prometí a él y a su madre la Virgencita de Caacupe.

Estoy en su casa, me trajo a la casa de Dios, estoy muy contenta por eso. Dios me trajo porque yo le pedí mucho que me ayudara , y me escuchó y me trajo aquí.

Le pido a Dios no guardar ningún rencor ni enojarme por la soledad en la que me dejan mis hijos.

 

Padre: Muchos saludos. Bendígame desde allí, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Claudelina.

 

 

 

 

Llevo mi enfermedad con alegría

Estoy bien en la Clínica, desde que llegué encontré buena atención, la gente es agradable, sabe tratar. Mi relación con Dios mejoró. La atención que te dan me hace llevar mi enfermedad con alegría y con bromas. La presencia del Padre Aldo me ayuda en todo sentido, su trato, su testimonio de conversión.

Llegué y me confesé después de 30 años, y sentí un deseo de cambio. Estoy muy contento de recibir a Jesús todos los días.

Padre: Muchas gracias por recibirme.

Bernardo

 

Mediante el Padre Aldo yo me salvé

Mediante el Padre Aldo yo me salvé, o sino ya me moría.

Gracias al Padre me recuperé mucho en estos 2 años de estadía en la Clínica. Estoy feliz.

Le quiero mucho al Padre Aldo por ser mi Padrino. Ël me confirmó y estoy feliz por eso y eso me ayudó mucho. Me gusta recibir la comunión todos los días. Aquí le conocí a Dios y a la Virgen , los quiero mucho. También aquí aprendí a rezar el Padrenuestro. Estoy muy contento.

Antes yo era drogadicto, fumaba cocaína, marihuana, cigarrillo,tomaba bebidas alcohólicas, y ahora ya no, no busco más. Dios me ayudó. Estuve un año en Tacumbú y un año en Emboscada. A mi projimo le clavaba con cuchillo, en la cárcel le maté a uno.

Ahora cuando salga voy a trabajar.

 

Padre: Le mando saludos.

Marcelino

 

 

 

 

 

 

 

Estoy contenta con el trato que me dan.

 

Padre: Le mando besos.

Patty

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